Reposando del día de reposo

Por Delina Pryce McPhaull, publicado en Christianity Today como Giving Sabbath a Rest, 11 de octubre, 2018. Traducido y publicado con permiso.

Yo me crie en una religión sabataria en la que observábamos el día de reposo como cuestión de ley. Mi comunidad religiosa estaba pendiente del momento de la puesta de sol el viernes por la tarde. Nos asegurábamos de que ese momento no nos pillase en el trabajo o el supermercado. Se esperaba que hiciésemos todo el esfuerzo posible para garantizar que estuviésemos adecuadamente preparados para descansar de las labores físicas. Nuestros hogares y coches estaban limpios, los recados hechos, y la comida preparada. Había quienes planchaban su ropa de vestir para ir a la iglesia el día siguiente. Como niña, recuerdo cómo  sacaba brillo a mis zapatos negros de charol con Vaselina y un poco de papel de cocina. Cuando caía el ocaso, “dábamos la bienvenida al día de reposo” con adoración – canciones, Escritura, y oración – marcando el comienzo de 24 horas sagradas.

Se nos recordaba constantemente lo que dice Juan 14:15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (RVR1960). Esto lo interpretábamos como: “Si amáis a Dios, guardad los Diez Mandamientos”. Guardar el día de reposo es el cuarto mandamiento, lo cual significaba que si no hacías lo posible por guardarlo, estabas demostrando a Dios, a ti mismo, y a tu comunidad lo poco que le amabas. Esta mentalidad no traía descanso. De hecho, el día de reposo era agotador para la conciencia.

Mi crianza, en resumen, me enseñó a realizar esfuerzos para mi salvación. Sabía lo que era preguntarme si daría la talla y llegaría por fin al cielo. ¿Me estaba esforzando lo suficiente? ¿Podía esforzarme más? Creía que mi destino eterno pendía sobre mis respuestas a estas preguntas.

Luchando con el reposo

Estaba convencida de que la manera particular en que celebraba el día de reposo era un requisito para ganar el favor de Dios. Sin embargo, al final de mi década de los 20, Dios empezó a mostrarme que su amor, cuidado y diseño para mi vida no tenían nada que ver con mis esfuerzos en guardar la ley. Comencé a creer en la gracia y a soltar esa relación con Dios basada en mis logros.

Pero el día de reposo seguía siendo para mí un obstáculo para confiar plena y solamente en Jesús para mi salvación. También se había convertido en una fuente de orgullo. Ignorando la admonición de Colosenses 2, yo juzgaba la fidelidad y la posición de otros ante Dios basándome en su observación del día de reposo.

“¿Y si te dijera que tienes que soltar justo aquello que creías que tenías que retener? ¿Confiarás en mí?” Estas palabras del artista góspel Donnie McClurkin en su canción “Confiaré en ti, Señor” resonaron en mi oído. Para empezar a confiar plenamente en Dios, tenía que soltar mi red de seguridad espiritual. La ley me había guiado a Cristo, y ahora necesitaba vivir por el Espíritu.

Y fue entonces que experimenté el reposo: un reposo que nada tenía que ver con un día concreto o un paréntesis en mi rutina.

Cuanto más me fui alejando de la teología sabataria, menos convencida estaba que los cristianos estemos obligados a apartar un día para el reposo. Sin embargo, no tenía que buscar mucho para encontrar un libro, artículo o sermón intentando persuadirme de que la cura para un corazón afanado es una evasión sabática del trabajo, las tareas y la tecnología. Según una encuesta del 2016, un 62 por ciento de los norteamericanos siguen pensando que “es importante para la sociedad apartar un día de la semana para el reposo espiritual”.

Pero para mí no tenía sentido que se pudiera guardar la ley sin ser legalista. Y dudaba si una versión más aguada de observancia fuera lo mío. A veces lo mejor para un adicto es renunciar de golpe.

El día de reposo como sombra

Existen cuatro perspectivas principales respecto al día de reposo. Tres de ellas lo entienden como una función del tiempo atribuyendo sentido bíblico al sábado o al domingo, o simplemente enfatizando el principio del descanso semanal. La cuarta perspectiva entiende el mandamiento del día de reposo como cumplido en Cristo.

Cuando miramos el Antiguo Testamento a través de las lentes del Nuevo Testamento, una y otra vez vemos como los sacrificios, las fiestas, los rituales e incluso personas como Moisés señalaban hacia adelante a Jesús. Los israelitas, por ejemplo, tenían el maná milagroso, real y físico, del que dependían para sobrevivir. Generaciones más tarde, al haberse transmitido la historia, quienes escucharon a Jesús describirse como “el verdadero pan del cielo” y el “pan de vida” entendieron la referencia. El Verbo se hizo carne.

El día de reposo no es una excepción a este patrón.

“Jesús vino a dar cuerpo al significado pleno de la ley”, dice Craig Blomberg, profesor eminente del Nuevo Testamento en Denver Seminary. “Lo que más destaca para mí con diferencia en el capítulo 11 (de Mateo) es que él es quien otorga reposo. Lo otorga no porque hagamos algo diferente un día concreto de la semana. Lo otorga en la medida en que acudimos a él 24/7”.

Me siento identificada con la idea de un reposo sabático a través de la fe en Jesús, descrito en Hebreos 3 y 4, y el reposo en Jesús que auguraba el día de reposo del Antiguo Testamento, mencionado en Colosenses 2. Durante más de 30 años, mi semana estaba enmarcada por “el día de reposo”. Observarlo era algo innegociable en nuestra comunidad religiosa. Ya que las compras, el trabajo, el estudio, los eventos deportivos (¡y más!) estaban prohibidos, tenía la marcada sensación de haberme detenido en el tiempo mientras el resto del mundo giraba fuera de mi burbuja. El día de reposo era más que un día, era un aura. Había vistas, sonidos y olores asociados con este tiempo sagrado. Era lo que el académico judío Abraham Joshua Heschel llamó “un palacio en el tiempo”. Puedo entender que haya quienes se sienten atraídos por las prácticas del día de reposo.

Sin embargo, yo conocía bien el trabajo que llevaba prepararse para descansar. Sabía por experiencia que un día semanal de reposo no eliminaría la hiperactividad, la adicción al trabajo, ni un corazón intranquilo. La cura para esas cosas es descansar en Jesús. ¿Qué podría haber más dulce que tener “un palacio en el tiempo” cada semana? ¡Vivir en ese palacio de continuo! Eso es lo que significa descansar en Jesús. Para mí, ya no se trataba de un día. Se trataba de soltar la sombra para experimentar la realidad. Jesús era el oasis de reposo en medio de la locura sin tregua a mi alrededor.

Lo que significa en realidad el reposo

Seas quién seas, experimentarás cargas pesadas y ánimo cansado. Ya sea una carga económica, opresión racial o religiosa, mala salud o un cuerpo con dolencias crónicas, o incluso todo eso a la vez, la prueba llamará a tu puerta. Es precisamente en medio de nuestro cansancio que Jesús nos ofrece su yugo – la oportunidad de amarrarnos a él.

“El reposo en la eternidad será libertad del sufrimiento y libertad de la prueba. El reposo en esta vida quizá no sea siempre eso” – dice Blomberg. – “De hecho, quizá con más frecuencia no lo sea, sino un sentido de la presencia de Dios, de su guía, apoyo, fortalecimiento y sabiduría, incluso mientras el Hades mismo se desate a nuestro alrededor”.

Cuando descansamos en él, no tenemos que proteger nuestra reputación como “buenas personas” o fingir que lo tenemos todo organizado. El verdadero reposo produce humildad y una postura de franqueza, crecimiento y gracia. Al reposar, nos negamos a aceptar la mentira de que Dios nos retiene cosas – un hijo, una promoción, una cura – por algo que hicimos en el pasado. Nos negamos a creer que nuestros problemas son el resultado de no haber orado lo suficiente o de manera adecuada.

Para mí, el reposo sabático ahora significa actuar desde el conocimiento de que soy aceptada y perdonada. Es confianza en el amor de Dios, en su protección y dirección. Esta clase de seguridad no puede ser conjurada o fabricada por obras. Es un regalo – que a menudo se me tiene que recordar que poseo, pero a fin de cuentas un regalo.

Los seguidores de Jesús, guardemos o no un día sagrado, hemos de definir el día de reposo principalmente como el reposo en Jesús. Cualquiera puede tomarse un día libre. Nosotros tenemos el privilegio de experimentar la encarnación del día de reposo. No nos lo perdamos.

Delina Pryce McPhaull es editora y autora freelance. Vive en una zona rural de Texas con su marido, hijos y gallinas. Conecta con ella a través de Instagram, Facebook o su blog.

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