“Dios arde en cada zarza común”

Con el escritor Philip Yancey, confieso mi predileccion por el llamado “argumento del diseño”. Pero en eso me preceden otras mentes mucho más privilegiadas.

Durante los seis meses que pasó solo en Antártida, donde presenció fenómenos como la aurora boreal y el ascenso de la noche polar, el explorador Richard Byrd tuvo mucho tiempo para observar y meditar. Después de una de sus caminatas, escribió en su diario (publicado más tarde bajo el título SOLO):

“Me sobrevino la convicción de que el ritmo era demasiado ordenado, demasiado armonioso, demasiado perfecto como para ser el producto del azar – y que, por lo tanto, debía existir un propósito integral y que el hombre, lejos de ser una derivación accidental, formaba parte de ello. Era una sensación que trascendía la razón; iba al corazón de la desesperanza humana y la hallaba infundada. El universo era un cosmos, no un caos; el hombre ocupaba un lugar tan legitimo en ese cosmos como el día y la noche”.

El mundo, como dijo el poeta Gerard Manley Hopkins, está cargado de la grandeza de Dios.

"La tierra está repleta del cielo
Y Dios arde en cada zarza común
Pero sólo quien lo ve se descalza".

Elizabeth Barrett Browning