Epifanía

Si nos propusiéramos describir a Dios, quizá escogeríamos palabras como sublime, todopoderoso o santo. Otros sin duda optarían por palabras como ausente, arbitrario o ficticio. En cualquier caso, las que seguramente nadie asociaría con la divinidad serían palabras como vulnerabilidad, abatimiento o dolor.

Y sin embargo en estas fechas la tradición cristiana celebra precisamente eso. Un Dios materializado en carne y hueso. Un Creador presente como criatura. Experimentando con nosotros las visicitudes, las limitaciones, el duelo humano.

Cuando el profeta Isaías ahondó su vista en las nieblas del futuro para ver algo del gran evento, retrató así al Mesías: “Varón de dolores y experimentado en aflicción…ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores”.

¡Feliz domingo de Epifanía a todos! Y si no eres creyente, ten cuidado porque nunca se sabe de lo que es capaz un Dios tan involucrado y tan desconcertante, cualquier día de estos te sorprende y te conquista el corazón 🙂

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“La Navidad: Segundo acto”

Extracto del artículo original:

Lo emocionante de la Navidad es que sucede a la mitad de la historia: ni es el principio ni es el final. “Ocurre en el clímax de la historia de la redención” (Larry R. Helyer). “La guerra no había terminado, ni mucho menos, pero la batalla decisiva se libró cuando Dios entró en acción en la persona de su Hijo eterno”.

La estrategia del Creador rebosa de sorpresas. En lugar de alzarse en armas en contra de los rebeldes, como cabría esperar, se alza en armas por ellos. Podría haberles arrollado con su vasto poder en una campaña de terror y pasmo; podría haberles intimidado con amenazas de castigo, o podría haber apelado a sus sentimientos de codicia o egoísmo – la misma vieja historia de las estrategias de poder del mundo. Sin embargo, no hizo nada de eso. Tenía la mira puesta en algo más radical que el acatamiento de un juego de normas. Su objetivo era cambiar a la humanidad desde dentro.

Con ese fin, el Creador vivió entre los seres humanos como otro ser humano, ejemplificando la vida que él hace posible y enseñándoles cómo vivirla. Pero necesitaban algo más que enseñanza. Necesitaban la clase de vida que habían perdido y que ni siquiera echaban en falta. Para hacer posible que la recibieran, el Creador habría de dar su propia vida por ellos. Lo hizo muriendo y volviendo a la vida. Este es el clímax de la historia, que encontramos narrada en los Evangelios del Nuevo Testamento.

Este es el punto álgido, pero no es el desenlace… La historia sigue, y se sigue escribiendo… Experimentamos un cambio de paradigma cuando nos damos cuenta de que la historia desarrollada en Belén continúa en Madrid y Dakar y Mumbai, solo que en puntos diferentes de la trama. Si aislamos la Navidad de sus precuelas y secuelas, las personas en la historia pierden su identidad como discípulos compañeros nuestros. Dejan de ser como nosotros y, por lo tanto, dejan de ser ejemplos. Se convierten en extras, cameos y actores.

Resulta inesperado y un poco desconcertante darnos cuenta de que formamos parte de la misma historia que María, solo que más adelante en la trama. Lo que le pasó a ella, a José, a los pastores y a los magos es parte de nuestra historia. Nos hace falta tener la misma fe en Dios, el mismo valor ante el peligro, y la misma entereza en días turbulentos que ellos. Nuestra historia es una emocionante secuela a la suya, pero no es el último episodio. Ese aún queda por delante, cuando el rey que vino regresará; no como bebé esta vez, sino como vencedor. O, como lo expresó el autor de Hebreos: “no para cargar con el pecado, sino para salvar” (Heb. 9:28).

A través de la maravilla de la gracia, estamos unidos a los héroes de la fe – Abraham y Moisés, David y Jeremías, María y José, Pablo y Timoteo, y muchos otros que aún no conocemos pero que han desempeñado papeles en esta historia que sigue en curso. Nosotros también tenemos papeles que desempeñar, caracterizados por la misma confusión y resolución – y gloria – que ellos conocieron. Y todo por esa invasión sobrecogedora, cuando Dios se unió a nosotros, vivaqueado en pañales y escondido en un pesebre.

El resto del artículo, para los angloparlantes, se encuentra aquí: https://www.christianitytoday.com/ct/2018/december-web-only/christmas-act-2-bible-context-prequels-sequels.html