Expondré mi queja

el dios que no entiendo

“En la Biblia, la cual creemos que es la Palabra de Dios, de manera que lo que encontramos en ella es lo que Dios quiere que esté allí, hay muchos lamentos, protestas, disgustos y preguntas desconcertantes. El asunto que debemos notar (posiblemente para nuestra sorpresa) es que no son los enemigos de Dios los que le lanzan todo esto todo esto, sino quienes más lo aman y confían en él. Parece, de hecho, que son precisamente aquellos que tienen una relación más estrecha con Dios quienes se sienten con mayor libertad para derramar su dolor y protesta ante él sin temor de reproche. El lamento no solo se permite en la Biblia, sino que se modela para nosotros abundantes veces…

Seguramente no puede ser accidental que en el libro divinamente inspirado de los Salmos haya más salmos de lamento y de angustia que de gozo y acción de gracias. Estas son palabras que, de hecho, Dios nos ha dado, palabras a las que ha dado un lugar prominente en esta colección autorizada de cánticos. Necesitamos ambas formas de adoración en abundancia mientras vivimos en este mundo maravilloso y terrible.

Creo que el lenguaje del lamento está seriamente desatendido en la iglesia. Muchos cristianos parecen sentir de alguna manera que no puede ser correcto quejarse ante Dios en el contexto de la adoración colectiva, cuando todos deberíamos sentirnos gozosos. Existe la presión implícita de asfixiar nuestros sentimientos reales porque se nos insta, por parte de piadosos mercaderes de la negación emocional, a tener “fe” (como si el salmista que se lamenta no la tuviera). Así, terminamos expresando emociones que no sentimos, mientras escondemos en lo profundo las emociones reales con las que luchamos. Ir a adorar se puede convertir en un ejercicio de fingimiento y disimulo, ninguno de los cuales puede conducir a un encuentro real con Dios. Es por esta mentalidad que, como reacción a alguna espantosa tragedia o desastre, en lugar de gritarle a Dios nuestros verdaderos sentimientos, preferimos otras maneras de responder a este.

“Todo es parte de la maldición de Dios sobre la tierra.”

“Es castigo de Dios.”

“Es una advertencia.”

“Esto es en última instancia para nuestro bien.”

“Dios es soberano, así que tiene que hacerlo todo bien al final.”

Pero nuestros amigos que sufren en la Biblia no tomaron ese camino. Clamaron en dolor y protesta contra Dios… precisamente porque conocían a Dios. Su protesta nace del irritante contraste entre aquello que saben y lo que ven.” [1]


[1] Christopher J. H. Wright, El Dios que no entiendo (Editorial Vida 2010), pp. 52-55